¿Doble estandar entre hombres y mujeres?

Mar. 16, 2017 13:00:13
 
 


La cantidad de mujeres en puestos lideres a nivel empresarial lamentablemente continua siendo escasa. Desde la década de los ochenta, las mujeres superan en número a los hombres entre los graduados de los países de la OCDE. En la actualidad, en Estados Unidos las mujeres corresponden a la mitad del alumnado. Desde 2010, las mujeres son mayoría en la fuerza laboral estadounidense. A juzgar por esas tendencias, el avance de la mujer en la educación, la participación en el mercado laboral y el empoderamiento económico es uno de los cambios sociales más significativos de las últimas décadas.

Pero ese progreso esconde algunos hechos que permanecen inalterables. En particular, la cantidad de mujeres en puestos líderes a nivel empresarial lamentablemente continúa siendo escasa.


Un clima difícil.

La persistencia de la escasa presencia femenina en las oficinas de nivel jerárquico refleja una falta de progreso generalizada en el mundo de las empresas.

Existen muchos factores que podrían explicar los diferenciales de género en este ámbito laboral. La diferencia notoria entre la cantidad de mujeres que se gradúan de la universidad (y de la escuela de negocios) y la cantidad de mujeres que llegan a la cima del mundo corporativo revela el techo invisible que continúan enfrentando.

¿Por qué el mundo empresarial sigue siendo hostil con las mujeres? Parte de la respuesta radica en el balance entre el trabajo y la vida personal, y en la deserción de la mujer en el mundo corporativo.

Se suele afirmar que las mujeres no son lo suficientemente agresivas en lo que respecta a la autopromoción, lo que sugiere implícitamente que las mismas mujeres son, por lo menos en parte, responsables del problema.


Wall Street.


Pero puede haber otro factor que no tenga ninguna relación con las decisiones de las mujeres: simplemente, que las mujeres y los hombres se evalúan -y son ascendidos- con criterios distintos.


Wall Street es un lugar fascinante para estudiar cuestiones de género y evaluación de desempeño. En primer lugar, aunque hay un legendario dominio masculino, después de décadas de promover la diversidad de género, las mujeres representan casi el 20% de los analistas de Wall Street, una proporción mucho mayor que la presencia femenina en las oficinas de nivel jerárquico. En segundo lugar, Wall Street es famoso por funcionar como un club, es decir que los vínculos o red social de cada uno pueden influir mucho en el desempeño y el éxito profesional. En tercer lugar, Wall Street es sumamente competitivo. La diferencia entre el éxito y el fracaso es la diferencia entre ganar millones de dólares y perder el empleo.


Con Sterling Huang estudiamos el indicador máximo de éxito: el estatus de "estrella" que otorga la influyente revista Institutional Investor mediante una encuesta anual entre miles de gerentes de inversión a quienes se les pide que voten a los mejores analistas del año. La lista resultante impacta en el salario de los analistas: quienes obtienen el título, en promedio, ganan alrededor de tres veces más que los demás.


Las mujeres analistas, en promedio, tienen mejor formación que sus colegas hombres, casi el 35% de la población femenina se gradúa en universidades de prestigio, frente al 25% de los hombres. Esa cifra condice con la idea de que solo las mujeres graduadas más competitivas entran en el mercado laboral de Wall Street. En promedio, el rango de acción a nivel empresarial de las mujeres analistas es ligeramente menor al de los hombres. Quizá eso se deba a las dificultades que enfrentan para equilibrar el trabajo con su vida privada.


Para nuestra sorpresa, las mujeres analistas, en promedio, están igual de conectadas que sus colegas hombres: tienen lazos universitarios con un funcionario jerárquico o un miembro del directorio en casi el 25% de las empresas en las que se desempeñan. Por último, no existe un sesgo de género en la probabilidad de adquirir el estatus de estrella: las mujeres representan alrededor del 12% de la muestra general y casi el 14% de la muestra de estrellas.

Se trata de una buena noticia, no solo porque indica igualdad de género, sino también porque para los economistas significa que ambas muestras son suficientemente similares para permitir inferencias justificadas.


Distintos criterios.


Pero allí termina la simetría. Cuando estudiamos el grado de conexión de los analistas y su efecto en el desarrollo profesional -es decir, el voto de estatus de estrella-, hallamos una curiosa asimetría. Para las mujeres, es importante la exactitud de los pronósticos de desempeño: cuando una analista hace pronósticos inexactos, se reduce su probabilidad de ser votada para el estatus de estrella. También observamos que tienen importancia los títulos de universidades de prestigio y los años de experiencia, y que ambos factores contribuyen a la probabilidad de convertirse en estrella. Sin embargo, después de dar cuenta de esos factores, las conexiones no tienen importancia en sí mismas para las mujeres. Para los hombres, en cambio, observamos casi lo opuesto. El grado de conexión es uno de los factores que más los favorece para la probabilidad de obtener los votos que lo asciendan a estrella, aun después de dar cuenta de la exactitud de sus pronósticos y sus títulos de universidades de prestigio. De hecho, estos dos factores no tienen un efecto significativo en la probabilidad de los hombres de obtener el estatus de estrella.


Lo interesante de esta observación es la asimetría de los factores que influyen en la probabilidad de hombres y mujeres de conseguir la distinción de estrella. Para las mujeres, importa la exactitud de los pronósticos y la formación. Para los hombres, ninguna de estas es muy relevante; lo que importa son las vinculaciones.

De ahí que, aunque el 14% de las personas que detentan el título de estrella de Wall Street son mujeres, prácticamente no las hay entre los puestos principales de las grandes corporaciones. En su mayoría, permanecen en sus puestos analíticos en lugar de ser ascendidas a la dirección general, ascensos que conllevan evaluaciones subjetivas.